¿Os apetece viajar de nuevo en el tiempo?

¿Llamamos al Doctor y su T.A.R.D.I.S? ¿Pillamos la máquina del tiempo del señor Alexander Hartdegen? ¿Nos pegamos un buen chapuzón en un agujero negro?

Ya si eso decidís vosotros. La fecha es muy concreta: 28 de septiembre de 1932, en la província de Ñuble, en Chile. Aquél día, en una casucha prácticamente digna de llamarse barraca, nació un hombre que cambiaría la historia de su país y del mundo entero. De los recuerdos de su infancia podemos rescatar aquella preciosa canción llamada “Te recuerdo Amanda“, un increíble vals dedicado a su madre, que fue quien le enseñó a tocar la guitarra. Como bien dice,

“trata del amor de dos obreros, de dos obreros de ahora, de esos que usted mismo ve por las calles, y a veces no se da cuenta de lo que existe dentro del alma de dos obreros de cualquier fábrica, en cualquier ciudad en cualquier lugar de nuestro continente”.

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Dadme unos minutillos que se me ha metido algo en el ojo. En aquél entonces no hacía falta tener un montón de aparatos electrónicos para cambiar la voz al gusto, o poner efectos absolutamente inútiles. En aquél entonces, lo que había en Chile era una persona, y una guitarra y con eso bastaba para hacer llorar a la gente.

Prosigamos.

Con 24 años, después de un breve paso por el mundo teatral, se unió al conjunto folclórico Cuncumén, donde conoció a Violeta Parra, que se convertiría en su mentora (joder, qué recuerdos de mi infancia sonando esto en casa)

Viajamos hasta 1961, cuando una tarde escribió uno de los temas que más recuerdos me trae, llamada “Paloma Quiero Contarte” que trata de lo mucho que echaba de menos a su pareja de entonces mientras viajaba por el país con el conjunto Cuncumén. Este hombre era uno de los mejores poetas nunca nacidos y por nacer.

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El hombre puede ser hombre cuando camina derecho.

Más adelante, en 1968, grabaría el tema anterior y “La Canción Del Minero” con este mismo conjunto de folklore. “La Canción Del Minero” está dedicada a aquellos mineros de las minas de Chile que lograron nacionalizar dichas minas, que pasaron a pertenecer al pueblo, a quien las trabajaba, ya que anteriormente eran propiedad de extranjeros que masacraban y explotaban a aquella pobre gente. Recomiendo escuchar el “microdiscurso” de explicación del principio del tema. En esta época podemos observar cómo se va implicando cada vez más con la realidad de su tierra.

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Minero soy, a la mina voy. A la muerte voy, minero soy.

Entre 1966 y 1968 fue director del reconocido grupo musical llamado Quilapayún (kila = tres / Payún = barbas), que crearon aquella obra maestra llamada “El Pueblo Unido Jamás Será Vencido” y que tristemente, se ha usado en situaciones muy poco… acordes con el espíritu de aquellos tiempos. En 1969, en plena guerra del Vietnam, presentó al concurso de la Nueva Canción Chilena “Plegaria a un Labrador“, que resultaría ganadora del certamen.

Aquél mismo año, una expropiación forzosa de tierras (los campesinos las ocuparon pacíficamente) en el pueblo chileno de Puerto Montt, Desde el gobierno se mandó un comando que montó una masacre en la que asesinaron a once personas (entre ellas un menor de 9 meses) organizada por el entonces presidente de Chile Eduardo Frei Montalva y su ministro de interior Edmundo Pérez Zujovic. Víctor Jara, lógicamente lo tomó como un atentado a la dignidad de su pueblo y escribió un tema (Preguntas Por Puerto-Montt) condenando al ministro de interior anteriormente mencionado.

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Usted debe responder, señor Pérez Zújovic, por qué al pueblo indefenso, contestaron con fusil.

En 1970, Salvador Allende se presentó a las elecciones a presidencia y ganó. Víctor Jara apoyó su campaña públicamente y poco después, publicó el álbum “Canto Libre”, llamado así por el hecho de haber abandonado la represión constante del expresidente Frei Montalva. Como se puede observar, a medida que la canción que lleva el mismo nombre avanza, se va volviendo cada vez más aleatoria, cosa que, al contrario de lo que se pueda pensar, le da cada vez más encanto.

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Sigamos cantando juntos, a toda la humanidad.

Vamos a viajar ahora un año adelante, 1971, en el que fue nombrado embajador cultural por el presidente Salvador Allende. A mediados de este año, publicó su disco “El Derecho De Vivir En Paz“, en el que mostraba su descontento con la guerra fría y las atrocidades que se estaban viviendo en Vietnam. Aquél álbum le proporcionó el premio Laurel de Oro. En la canción que lleva el mismo nombre, se menciona a Indochina, las bombas de napalm y el filósofo Ho-Chi-Minh.

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Es el canto universal, cadena que hará triunfar, el derecho de vivir en paz.

En 1971 a Pablo Neruda se le concedió el premio Nobel y fue Jara quien se encargó de la preparación de la gala de celebración y homenaje al poeta.

De 1972 a 1973 fue el compositor principal de la televisión nacional de Chile, viaja a la Unión Soviética y, cuando va a Cuba, se reúne con el Che, ya que Fidel en aquél momento estaba de embajador en el extranjero. En su biografía (que leí hace ya como 4 años) se contaba que tal hecho le dio lástima ya que esperaba conocer al señor Castro.

Acercándonos ya tristemente al final, el 11 de septiembre de 1973, coincidiendo con el día nacional de mi tierra, Catalunya, el señor Augusto Pinochet (si se le puede considerar humano), comandó un golpe de estado con soporte de la CIA y obligó al presidente Salvador Allende a suicidarse a punta de pistola, creando así un mártir chileno. Véase la imagen de pocos minutos antes del suceso.

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Mientras, Víctor Jara se encontraba dando un concierto en una de las universidades de Santiago de Chile (la capital). El concierto fue interrumpido, detuvieron a todo ser andante del recinto y fueron llevados al estadio de Chile, donde se llegaron a acumular más de 5000 personas.

En los días siguientes fueron asesinando brutalmente a cantidades ingentes de chilenos y chilenas inocentes hasta que el día 16 de septiembre, cogieron a Jara, estando vivo le cortaron las manos para que no pudiese tocar más la guitarra y por la tarde, ya anocheciendo, de pié, junto al médico personal de Allende y unas cuantas personas más, fue fusilado en un paredón del estadio. A él le tocaron 44 balas.

El día 19 lo encontraron hecho pedazos al lado de una carretera próxima.

Somos cinco mil en esta pequeña parte de la ciudad. Somos cinco mil ¿Cuántos seremos en total en las ciudades y en todo el país? Solo aquí diez mil manos siembran y hacen andar las fábricas. ¡Cuánta humanidad con hambre, frío, pánico, dolor, presión moral, terror y locura!

“El 27 de junio de 2016, un tribunal federal de Orlando, Estados Unidos, determinó que el ex-militar chileno Pedro Barrientos, nacionalizado estadounidense, era culpable de tortura y asesinato extrajudicial de Víctor Jara. El ex-uniformado deberá pagar una compensación por daños y perjuicios de 28 millones de dólares para la familia, según determinó el jurado. El juicio civil comenzó con la demanda que interpuso la viuda, Joan Turner Jara, y las dos hijas de la pareja, Manuela Bunster y Amanda Jara. Fue presentada en 2013 por el Centro de Justicia y Responsabilidad (Center for Justice and Accountability), con sede en San Francisco.”

Este año se cumplen 43 del asesinato de dos grandes hombres.

NO OLVIDAMOS

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