Anteayer atravesé por primera vez La puerta a la psicodelia. Fui a ver a un grupo de Badalona formado por unos colegas “estrenaba” (entrecomillado porque ya llevan algunos días ensayando allí) nuevo local y me pasé por allí a ver que tal estaba todo montado y, ya de paso, hacer una sesión de fotos como toca.
Así pues, llegué al local sobre las 10 de la noche y me encontré allí a dos colegas más.
Estuve fijándome un rato largo en la composición del local y las cosas que había por allí, al igual que en el par de sofás y la mesa que se suele usar para dejar lo poco que queda de los munchies que hay en una pequeña neverita que se rellena cuando es necesario.
No es grande, pero tampoco es tan pequeño como el sitio donde ensayaban anteriormente. Está bastante bien.
Cuando llegué, el batería y el vocalista estaban tocando una especie de introducción improvisada muy psicodélica de un tema suyo que los que conocemos un poco al grupo apreciamos mucho y me acoplé por allí para quedarme tranquilito mientras el cantante se lucía y el batería lo daba todo, como suelen hacer.
Cuando terminaron, me puse a hacer fotos e intenté sacar “la foto” respectiva de cada uno. Del vocalista lo logré pero con el batería, ayer, no hubo forma de lograr que la cámara dado que, al no funcionarle el autofoco, tuve que encargarme yo personalmente, como llevo haciendo ya dos años.
Después de romperme los cuernos y frustrarme, decidí volver a sentarme y calmarme mientras empezaban otra de sus improvisaciones que sin darse cuenta, parecen medidas al milímetro.
Cuando se perdieron en el ritmo y la dieron por terminada, les dije de grabar el tema que habían tocado anteriormente y nos pusimos a ello. La grabación resultó ser una mierda pero se oye bastante decentemente. Ya os la enseñaré algún día.
Poco después, escuchamos la grabación poniendo el micro de la cámara pegado al micro del cantante e increíblemente funcionó.
Seguidamente y sin venir a cuento, el vocalista empezó a tocar algunas notas en el teclado que sonaban bastante bien y dio muestras de tararear algo inconexo que, al darle un poco de tiempo y mientras uno de nosotros (que no era yo porque estaba flipando con la escena) se convirtió en un tema entero. Menos de 40 minutos para crear una canción con letra, teclado y baterías.
Mientras la iban retocando sobre la marcha, otro de los colegas y yo nos fuimos dedicando a pulir algunos de los versos en inglés que o no eran gramaticalmente correctos o podían rimar mejor escritos de otra forma. Hicimos un buen trabajo, sin duda.
Más adelante, recogimos todo lo que había que recoger, entre ello envoltorios varios de munchies variados, y nos marchamos de allí, sobre las 2:30 de la mañana.
Tengo ganas de ver lo que os puedo contar la próxima vez que me pase por allí. Sed felices.