Nunca he hecho una reseña de una cámara de fotos digital. Esto es nuevo para mí así que intentemos dar la talla.
Hoy no vengo a hablaros como musicópata, vengo a hablaros como fotógrafo, a lo que me dedico (o mejor dicho, me gustaría, ya que la profesión en este país está en la mierda, pero ya hablaremos de eso)
Mi historia con esta D3200 empieza en un restaurante de Torredembarra, en Tarragona. Estábamos allí comiendo con la familia de mi madre y por algunas cosas y otras acabé montando un proyecto alrededor de la vida de mi abuelo. Dado que necesitaba una cámara, me pasé un par de semanas mirando a ver cuál era la más adecuada para mis necesidades. Teniendo unas cuantas en el visor, me fui con unos amigos a comparar y acabé comprando la Nikon D3200.
Durante los tres años que he estado usándola, si bien me ha acompañado en 10.000 aventuras y otros tantos conciertos y festivales, ello ha provocado que le tenga un cariño prácticamente exagerado, pero también he tenido momentos realmente frustrantes con ella y con su objetivo de serie, el 18-55mm a f3.5-5.6.
La cámara en si, no es FullFrame, lo que realmente supone una jodienda ya las fotos salen con un mínimo “zoom” de serie, pero claro, a ver quien es el que tiene capital para una FX. Esta gente juega en otra liga.
Por otra parte, el sensor es de 24,2mp, lo que supone (en teoría) una nitidez en la fotografía a la par que un nivel de detalle alucinante. Doy fe de ello siempre que hablemos de entornos con buena iluminación.
En cuanto al micrófono de la cámara, mejor ni hablemos de él porque no sirve para nada más que adornar.
Para la batería os voy a decir que la que viene de serie está bien, tiene su aguante (de unos 560 disparos) que a veces puede resultar un poco escaso, pero si os veis en la ocasión, siempre podéis comprar una batería de repuesto, que no son caras y dan buen resultado.
No sé si en algún momento os expliqué que prácticamente desde que empecé con el blog he estado haciendo fotos en todos los conciertos en los que he estado, de hecho me atrevería a decir que en un concierto si no llevo la cámara me siento muy vacío. Pues bien, esta 3200 me ha acompañado en todos los conciertos de los que he hecho crónica hasta finales de 2016. Poneos a contar. Os dejo un ejemplo aquí. A partir del álbum de Adala en adelante están todas hechas con la D7100. Por no hablar de los conciertos que he fotografiado y que no he subido ahí.
Sea como sea, el ISO máximo que aguanta sin que a uno le de una embolia muy muy fuerte yo diría que está entorno a 1600 siendo generoso. Claro, como os podréis imaginar, me cabreaba lo que no está escrito cuando veía una foto inservible y de ahí mi manía suprema con el ruido en las fotos.
Sea como sea, esta cámara ha aguantado un número decente de viajes, dos Rototom de 2 días cada uno y un Rototom de 8 días (parece que las fotos del 2014 han desaparecido de la base de datos). Y todavía creo que aguantaría muchos más de no haberme agenciado la D7100.
Es una cámara resistente, se nota que está preparada para grandes emociones y locuras varias, lo que realmente viene genial.
Esta ha sido mi primera cámara y ahora que la he prejubilado un poco, me doy cuenta de lo que realmente ha supuesto para mí el hecho de tenerla.
Si estáis empezando en la fotografía es la mejor compra que podréis hacer, aunque por dios, cambiadle el objetivo de serie lo más rápido que podáis porque es una mierda como una catedral. Haceos con un 50mm que es barato, tiene una apertura que es para flipar y os va a dar muchos mejores resultados.
Para acabar, recordemos una gran frase de Paul Simon:
“I got a Nikon camera I love to take a photograph So mama don’t take my Kodachrome away“
