Ayer volví a cruzar una vez más La puerta a la Psicodelia.
Después de montar el local para tener un sonido óptimo un par de días antes, decidimos empezar a grabar cosillas y aunque se pasaron calentando cerca de una hora y media (marcándose una Jam session brutal), yo ya estaba impaciente por probar la batería de backup que tengo para el micro.
Así que les pregunté si ya estaban listos y me miraron con una cara de “no todavía” que hablaba por ella misma. Al ver que las posibilidades de que estuviesen listos se iban agotando ya que se hacía tarde y nos estaba entrando hambre, decidí empezar a grabar sin siquiera avisarles, cosa que siempre mola mucho hacer.
Grabamos unos 7 minutos de tema, que resultó ser el single de su futuro primer disco, canción que todos los habituales por allí nos conocemos prácticamente al dedillo.
Yo improvisé y con la ayuda del escriba del primer artículo, conseguimos hacer algún que otro efecto de luces que quedó realmente bien.
Al terminar de grabar, rieron cuando les dije que estaba todo dentro de mi magnífica tarjeta SD de 34Gb y decidieron seguir con la Jam a la que invitaron a un guitarra colega.
Al cabo del rato y vista la hora que era, uno de nosotros (que os juro que no fuí yo) insistió muy insistentemente (con redundancia premeditada) para que fuésemos a un bar de la playa a por unos Suvlakis. No os pienso explicar lo que es más allá de “el cielo en la boca del mortal”. Para más detalles, id al griego más cercano y pegaos un atracón como hicimos nosotros.
Ya rendidos y llenos como pavos en acción de gracias (no soy americano pero necesitaba la coña), nos retiramos cada uno a su casa excepto el vocalista, el bajo y el batería, que se fueron de fiesta al barrio de Marina. Mala idea ya que uno de ellos volvió a casa con esguince incluido.
Ya que estoy aprovecho el percance para anunciaros que hasta la recuperación del vocalista la afluencia de la sección se verá afectada. ¿O no?