El pasado 1 de noviembre tuvo lugar en la sala Razzmatazz de Barcelona uno de los últimos conciertos de SOJA (Soldiers Of Jah Army) de su gira europea. Estos maestros del reggae, cuyo nombre sale de un tema del gran Peter Tosh, decidieron incluir dos fechas en España para despedirse a lo grande hasta la publicación de su nuevo disco.
El ambiente había sido caldeado anteriormente por Alex Bass & The Same Song Band, un nuevo grupo de reggae de Barcelona que tiene mucho estilo. Se notaba que la gente había gozado en grande, pero se podía sentir en el aire la impaciencia del público por ver a SOJA.
Durante los 25 minutos de espera con luz blanca en el escenario, mientras los roadies movían cosas de un lado a otro.
SOJA empezó por todo lo alto, dando la talla desde el principio. Es cierto que utilizaron los instrumentales para rellenar, como suele ocurrir en todos los conciertos. Tal vez se hicieron un poco largos, pero a medida que iban tocando temas, el público se iba entregando cada vez más, llevándonos a las nubes, a algunos más que a otros.
Tocaron muchos de sus temas estrella como por ejemplo Everything Changes, True Love, Rest Of My Life, I Don’t Wanna Wait, Not Done Yet y I’m Not A Shadow, esta última cantada por el lead guitar del grupo llamado Trevor Young.
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También tocaron algunos temas nuevos. Dijo el propio cantante que estarán incluidos en su nuevo disco, que saldrá pronto.
Ahí, encima del escenario, lo daban todo. El bajista del grupo se marcó algunos toastings*
*Toasting: dícese, el arte de rapear con una base de raggamuffin de fondo
alucinantes a la par que jugaba con el público con sus movimientos exagerados, como Trevor Young que se marcó algunos solos vocales también dignos de ser mencionados. El batería tenía una cantidad de recursos impresionantes, es decir no paraba quieto y hacía brakes que quitaban el aliento.
La distribución del grupo en el escenario era curiosa, dado que en lugar de estar el cantante delante y los demás un poco atrás, estaban la mayor parte del tiempo todos delante, a excepción del batería que sí que estaba al fondo. Lo veo como un acto de igualdad dentro del grupo que se ve pocas veces. Punto a favor.
El concierto duró unas dos horas sin interrupción, no tuvo apenas ningún punto flaco y el grado de epicidad fue realmente remarcable. Cuando se retiraron del escenario apenas parecían fatigados por la cantidad de caña que habían proporcionado al público, que a su vez seguía exultante.
Después de esperar cinco minutos para los bises y darme cuenta de que realmente el concierto había terminado, me fui de allí satisfecho y contento de haber visto al fin a este grupo. Debo reconocer que después de ver el streaming del Rototom del 2015 me había quedado con muchas ganas de verles en directo.
Fue uno de aquellos eventos a los que merece la pena ir, se conozca al grupo o no. En caso de conocerlos, uno salió de la sala siendo más fan todavía y en caso de no conocerlos, salió queriendo escuchar toda su discografía para empaparse bien de su música.