Este artículo trata más de fotografía que de música pero dado que está escrito a partir de las situaciones vividas con el grupo, lo voy a colar aquí de la forma más ninja posible.
Esta vez tampoco he pasado la puerta a la Psicodelia y creo que voy a tener que hacer un replanteamiento de esta sección dado que los artículos más interesantes han resultado ser los que se escribieron a partir de situaciones que no tuvieron lugar al otro lado de dicha puerta. Que redundante es todo. Ahí va una buena frase sin comas ni puntos ni nada para que os ahoguéis un poco al leerla. Soy una mala persona, lo sé.
Pero pasando a lo importante, después de hacer algunos experimentos a larga exposición (lo que viene siendo dejar que entre la luz durante un tiempo determinado, buscando así el efecto de “movimiento” en el/los modelos), les pregunté al batería, al vocalista y al bajo si se prestaban para seguir experimentando este estilo de fotografía. Lógicamente y como era de esperar estuvieron encantados con la idea y se decidió que el día indicado sería el de la luna llena esa tan bestia del 2016 que terminó siendo toda una frustración.
Yo esperaba ver una masa enorme de tierra roja o gris y me topé con una luna normal y corriente. Por no hablar de que las nubes me jodieron la mitad del espectáculo inexistente.
Pero eso no nos detuvo dado que llevaba encima una linterna de esas que se ponen en la cabeza para no matarse uno cuando camina de noche por la montaña, y ya sabía yo que nos iba a ser más útil, a parte de para la función que os acabo de exponer.
Cuando decidimos ponernos en marcha estábamos en un local… digamos que de ocio. No penséis mal que os conozco y ese no es nuestro rollo.
El asunto es que decidimos subir a lo alto de la urbanización de Badalona llamada el Mas Ram, donde subiendo unas cuantas calles hay unas escaleras de piedra que llevan a un mirador epicofantástico, con unas vistas brutales de Badalona, Pomar, La Morera y parte de Barcelona.
Así pues, después de pegarnos la pateada padre, nos “inspiramos” un poco y decidí que ellos mismos empezaran a hacer tontadas en las que se estuvieran más o menos quietos a la hora de empezar a disparar.
Dado que yo sólo había hecho largas exposiciones en aquél lugar mágico de Barcelona llamado ITES, y con cámaras que rozan los 4.000€, no sabía si me iba a quedar bien algo hecho con una triste Nikon D3200 y una lente 18-55mm a 3’5f. Los que sepáis de fotografía sabréis tan bien como yo que eso era prácticamente perder el tiempo.
Pero no. No lo fue.
Aquél día descubrí que el movimiento en la fotografía cuando está buscado y los modelos están como una puta cabra se pueden hacer cosas muy, pero que muy interesantes. Además, el hecho de tener un “foco” de luz dura con el que jugar, dio como resultado psicodelia en estado puro, como no podía ser de otra forma.
Es una lástima que (todavía) no os pueda enseñar resultados.
El tema es que nos pasamos allí arriba unas tres o cuatro horas muy productivas en las que grabamos, o mejor dicho, intentamos grabar un acústico, hicimos fotos normales, hicimos fotos (muy) abstractas y nos echamos unas buenas risas. Algún día me dejarán publicar todo el material que estamos sacando y lo vais a flipar.
Y ahora os estaréis preguntando por qué demonios he tardado tanto en publicar este artículo. Yo os lo explico: Resulta que después de dicha sesión, el batería publicó con mi permiso (ve tu a saber en que estaría yo pensando) una de las mejores fotos de la sesión y, al darnos cuenta de la cagada, dado que hay gente cercana a nosotros que es asidua por estos lares y podía descubrir fácilmente de quien estoy hablando, decidí esperar unos meses para publicarlo.
Dentro de poco, más noticias. Y de las gordas. Promesa.