Ya iba siendo hora de volver de mi pequeño exilio “periodístico” o como queramos llamarle, que ha durado prácticamente un mes y eso no puede ser. Hoy os vengo a resucitar esta sección, que lleva en el blog desde prácticamente sus inicios, para presentaros uno de aquellos temas que duele mucho a la hora de ser escuchados.
¿A qué me refiero? Los amantes de la música del S-XX sabréis tan bien como yo que hay ciertas canciones que no se pueden escuchar sin soltar una (o más) lagrimita, por muy fuertes que seamos o que nos creamos. Algunos ejemplos podrían ser Brothers In Arms, de Dire Straits, No Woman No Cry (Live 1975) de Bob Marley y sus Wailers, Starway to Heaven de Led Zeppelin… Los tres son obras maestras musicales eternas, entre otras muchas que conozco o desconozco, pero que, al fin y al cabo, vienen a hacernos sentir como la mierda. Lo curioso es que cuando hay ganas de escucharlas, nos sentimos así con gusto, pero cuando no las buscamos y nos las encontramos, nos dejan hechos polvo un buen rato. De ahí que al menos yo las escuche muy poco, porque el dolor es real.
A ver cuantos músicos actuales pueden crear algo así.
Y mirad por donde, justo a continuación os voy a presentar uno que se escapa de esta última afirmación.
De lo que vamos a hablar hoy es de un tema que se llama Taro, del grupo Alt+J. Lo descubrí ayer mismo gracias a una de las nuevas incorporaciones del blog de este 2017, Helena Perelló, mientras nos hablaba del podcast de radio que iban a hacer por la tarde (buscad el del 1 de marzo), dedicado a la fotografía y a diversos fotógrafos que marcaron el S-XX con su trabajo, entre los que se incluyen Cartier Bresson, Robert Mappletorphe y Robert Cappa (entre otros). El tema que tratamos está enfocado a la muerte de este último.
Antes, deberíamos ponernos en situación: Robert Capa fue un alter ego inventado por el fotógrafo Endre Ernő Friedmann (fotógrafo austrohúngaro) y su novia, Gerta Pohorylle (más conocida como Gerda Taro) cuando las cosas no les iban bien y necesitaban dinero. Así pues, ellos se dedicaban a vender las fotografías de “un gran fotógrafo estadounidense” llamado Robert Capa, aunque realmente los trabajos los hacían ellos. Qué suerte el no tener internet en aquella época. La cosa les salió bien y empezaron a recibir montones de encargos.
Más adelante, en 1937, en plena guerra civil española, Taro estaba haciendo unas fotografías subida en un coche de combate cuando una sacudida la tiró del vehículo, con tan mala suerte que un tanque republicano pasó por encima, dejándola desgarrada de cintura para abajo. Cuando llegó al hospital ya había muerto, 6 días antes de cumplir 27 años.
Después de aquél suceso, Friedmann adoptó definitivamente la identidad de Robert Capa y siguió cubriendo conflictos.
Acabada la II Guerra Mundial, Capa se quedó en paro por falta de enfrentamientos hasta que en mitad de la guerra fría, en 1954, le mandaron a Indochina a cubrir las guerras de guerrilla y en una de estas expediciones, decidió adelantarse al grupo de soldados que le acompañaban para hacer unas fotos discretamente. Nunca llegó a realizarlas ya que en medio de su expedición solitaria pisó una mina antipersona que se le llevó por delante una pierna y le dejó físicamente destrozado. Estuvo agonizando durante horas hasta que definitivamente murió por la mañana, el 25 de mayo de 1954.
“Taro” trata la muerte de Capa haciendo una especie de metáfora genialmente triste y acertadísima, en la que a medida que se apaga, se va acercando a su novia, Gerda Taro, que le lleva esperando “allí” unos 17 años. Es impresionante la capacidad que tienen Alt+J de narrar los hechos tal y como sucedieron y de hacernos acercar tanto a Capa que sentimos su muerte como si le estuviésemos sosteniendo en brazos mientras se nos va. Si cerramos los ojos y estamos predispuestos a ello, podemos incluso ver como ocurre todo.
Sea como sea, los que tenemos el placer y privilegio de pertenecer al mundillo, al escuchar esta canción se nos ponen los pelos de punta automáticamente porque ya sabemos la historia que hay detrás.
Como os podréis imaginar no podía evitar la tentación de escribir sobre dos de las cosas que más me apasionan en este mundo: La fotografía y la música.
Ahora que vosotros también sabéis lo que se esconde detrás de esta maravilla auditiva, os podéis poner a llorar a lágrima viva cuando os llegue de golpe y no estéis mentalizados a escucharla. Eso sí, es de una epicidad tremenda y, sinceramente, creo que tanto Taro como Friedmann estarían orgullosos de ver tratada así su muerte. Puede sonar macabro pero ya sabemos que los periodistas de guerra tienen un humor bastante curioso.
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Queda pendiente hacer un “descubriendo a” Alt+J porque no tienen desperdicio.
Y así acabamos con el Canciones Random más largo de los que he publicado hasta el momento.